Bienvenidos a mi blog de fotografías de naturaleza. Llevo ya varios años metido en este apasionante mundo, complicado, difícil, que requiere tiempo y paciencia, madrugones, caminatas interminables a veces -de noche casi siempre-, con el pesado equipo a cuestas, o tantas horas de soledad en medio del monte o junto al río. Pese a todo ello, el medio natural permite captar imágenes increíbles. Son para mí como un sencillo "tesoro" de gran valor. Algunas las quiero compartir con mis amigos en este sencillo espacio virtual, pero también con todos aquellos que aman la naturaleza y los seres que en ella habitan, con los amantes de este "género" fotográfico y con quienes valoran y respetan el medio natural.

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El comedero del Peti

(Las fotos que acompañan esta entrada están realizadas durante el proceso de construcción con un teléfono móvil)

Hace varios años me sumé a esta, cada vez más habitual, costumbre de crear un comedero para atraer las aves y lograr así fotos de determinadas especies. Sobre el particular hay gente a favor y en contra. Personalmente pienso que las imágenes que se consiguen por este medio no son menos naturales que las que se realizan en lugares apartados y en plena naturaleza. Los detractores consideran, entre otros aspectos, que se trata de un escenario preparado. Y, en buena medida, es así. Pero mientras no se perjudique a las especies del lugar y, si de paso, se consigue favorecer que -sobre todo en épocas en las que la comida escasea o el sol aprieta- haya alimento y agua, un escenario así no supone ningún daño y las fotos tomadas de ese modo pueden tener un valor en sí mismas.



Se muestran en ellas las especies propias de la zona en la que se sitúa el comedero. Si es una propiedad particular, debe conseguirse la autorización del propietario. La construcción ha de realizarse en el menor tiempo posible, y el aporte de comida debe garantizarse desde el primer momento. Si, además, añadimos un bebedero el beneficio que se logra es mayor. El agua, en especial, en zonas del sur peninsular no es un bien que abunde precisamente. En primavera y verano resulta esencial, y en general todo el año, pues las aves y cualquier otro mamífero, podrán tener siempre disponibilidad de ella para beber y, cómo no, para bañarse.



En 2011 construí en una propiedad familiar un sencillo aguardo realizado a base de palés de madera. Todo ello recubierto con plásticos y, posteriormente, le añadí brezo del que se usa para cubrir vallados. La techumbre la recubrí con ramas de la zona, producto de la tala de encinas que se suele realizar todos los años. El comedero estaba situado en una mesa colocada a unos 3 metros de distancia. Para hacer fotos, el recinto interior posibilitaba que dos personas pudieran colocarse en sendas sillas con cierta holgura. En principio tan solo había un hueco en la parte delantera por donde sobresalía tímidamente el teleobjetivo, enmascarado con una red de camuflaje que impedía que las aves pudieran distinguir el interior de este "chozo" o chajurdo, expresiones más castizas y propias de nuestra tierra, aunque hoy en día se suele emplear de manera más extendida el término anglosajón "hide". Más tarde sustituí la red por un cristal espía. Los resultados, con buena luz, son muy buenos y la discreción es aún mayor, puesto que uno se puede mover con más libertad dentro y el teleobjetivo no sobresale ya del chajurdo.



Los resultados con ese sencillo comedero y empleando el mencionando chajurdo fueron fenomenales, pues durante casi tres años pude fotografiar no pocas especies, como puede observarse en algunas de las entradas de este blog. Fue este el "Comedero del Peti", que tantas satisfacciones me dio.

Currucas cabecinegras y capirotadas, herrerillos, carboneros, verderones, verdecillos, jilgueros, gorriones comunes, zorzales, mirlos, urracas, arrendajos, críalos, mosquiteros comunes, petirrojos, mitos, son algunas de las especies que pude fotografiar. Muchas tardes después de comer, y durante al menos dos horas, me permitían evadirme y disfrutar de algo tan especial como es la fotografía de aproximación en condiciones fenomenales. A la vez fui aprendiendo a manejar un poco mejor la cámara, el uso del flash, las aperturas de diafragmas, velocidades, etc. Incluso practiqué con la barrera de infrarrojos y comprobé lo difícil que resulta la técnica de la foto de alta velocidad con varios flashes sincronizados mediante disparadores.





Aspecto del chajurdo realizado con palés de madera y recubierto con plástico, brezo y ramas. El comedero lo situé sobre varias "mesas" hechas con palés, sobre las que dispuse hierba y musgo obtenidos en las proximidades. La comida la camuflaba entre la hierba o en pequeños recipientes utilizando los tapones de botellas de leche. En el amplio hueco que servía de ventanal en un principio dispuse una gran red de camuflaje a través de la cual sobresalía el teleobjetivo, pero más tarde puse un cristal de espejo, de esos que permiten ver desde dentro sin ser visto, adquirido en una cristalería de la localidad.

Un nuevo chajurdo, con un comedero y bebedero más elaborado

Al finalizar la primavera de 2013 decidí que era necesario mejorar y, sobre todo, reforzar el chajurdo. El viejo "chozo" de maderas y ramajes debía ser renovado, pero habría que utilizar nuevos materiales para darle más estabilidad y seguridad al conjunto. A la vez me fui dando cuenta de la importancia del agua, sobre todo entre la primavera y durante todo el verano. En la zona no abunda precisamente este importantísimo elemento, vital para la supervivencia de las aves sobre todo durante los tórridos meses estivales. Aportando al conjunto un amplio bebedero, no solo garantizaría el aporte de agua para beber y bañarse en las primeras o últimas horas del día, sino que podría ello ser un buen reclamo para un mayor número de especies.

He de reconocer que en el invierno de 2013 conocí algunos de emplazamientos muy bien montados, algunos personalmente (Alfonso Pérez del Barco me invitó al suyo, en Villanueva del Fresno); también he podido ver muchos otrosa través de internet (fenomenal el de José Benito Ruiz, por ejemplo). 

La obra del chajurdo y el bebedero

En noviembre de 2013, antes de comenzar la construcción y una vez que hice un diseño aproximado en papel, medí sobre el terreno el espacio en el que quería situar el chajurdo. Éste habría de ser amplio pero no tendría que abultar mucho en el lugar, y ser lo suficientemente espacioso por dentro como para que entrasen dos personas holgadamente con trípodes y teleobjetivos (aunque pudieran caber tres un poco más juntos). Unos dos metros y medio de ancho por unos dos de fondo eran las medidas idóneas. Y para lograr buenas fotos con fondos bien definidos, captando el verdor del entorno, sería necesario que los ventanales se dispusieran justo a la altura del agua. Para ello habría que disponer el chajurdo al menos a un metro bajo el nivel del bebedero. Así que contraté por 30 euros una pequeña excavadora que en menos de 15 minutos extrajo la tierra en el perímetro que previamente marqué tras haber excavado a pico y pala el día anterior. La tierra extraída se dispondría justo por delante de donde tendría que situarse más tarde el bebedero.


Una vez que elegí el emplazamiento, en un lugar apartado de una parcela familiar, marqué en el terreno el espacio que tendría que ocupar el chajurdo. Una pequeña excavadora realizó el vaciado de tierra en apenas 15 minutos. A partir de entonces, a lo largo de unas pocas tardes el proyecto fue tomando forma poco a poco.  


Hacia mediados de ese mes de noviembre, con la inestimable ayuda de mi buen amigo Santiago Torrado, un perfecto conocedor de las técnicas de albañilería que yo desconocía, me dispuse a montar este nuevo chajurdo. El trabajo se prolongó durante casi un mes empleando solo dos horas por la tarde los días que ambos podíamos acudir al lugar y alguna mañana de domingo. Santiago me asesoró sobre los materiales que era necesario utilizar. Estos fueron: bloques de hormigón, arena y cemento, agua, rasillones para el suelo, plásticos para aislar el conjunto desde el suelo hasta media altura, varios hierros para la sujeción de la techumbre y una puerta de hierro. En el amplio hueco para los ventanales se dispuso el cristal de espejo que podría reutilizar del viejo chajurdo y una parte se dejó sin cristal, con un cierre de quita y pon, para hacer fotos con red de camuflaje. El marco del ventanal está hecho con perfiles de aluminio con una medida de unos 2 metros de ancho por unos 55 cms. de alto.




El cerramiento de la techumbre está realizado con dos grandes chapas metálicas onduladas. Están fijadas al conjunto con tornillos de rosca-chapa. Todo el interior lo forré con maderas recicladas. Y unas planchas de poliestireno me sirvieron para situar entre las chapas de la techumbre y la madera que sirve del techo interior (puesto que el metal, en verano, dará calor y así se podría aislar algo el interior). Los huecos y rendijas están sellados con madera, para evitar la entrada de insectos. Todo el conjunto está recubierto por encima de la techumbre con muchas de las ramas que ya había empleado en el anterior chajurdo, y las paredes por fuera con brezo. De eso modo este chozo o chajurdo podrá confundirse más con un entorno en el que las encinas, olivos y almendros, así como la hierba y las chumberas, son lo que más predominan.

Empleé listones y planchas de madera inservibles para acondicionar algo más el interior.



El bebedero está realizado a una distancia de un metro del chajurdo. Primero se niveló el terreno y en el perímetro del mismo, de unos tres metros y medio de largo por dos metros y medio de ancho (lo que mide de ancho el chajurdo), se dispusieron bloques de hormigón. El interior de ese recinto lo rellené de tierra y durante varios días lo compacté bien. Las lluvias hicieron el resto. Al cabo de varios días seguidos sin llover, añadí unas diez carretillas de arena. Encima coloqué un gran plástico, con el fin de evitar filtraciones. Encima del plástico añadí cemento. La parte superior del borde y el exterior de ese perímetro se forró de piedra y cemento. El proceso se puede observar en las imágenes que presento a continuación.





El resultado final es el que se observa en las imágenes. Las lluvias de enero han llenado el bebedero. Y en unos días espero empezar a tirar fotos. El aporte de comida lo realicé a diario, pues al terminar cada jornada siempre fui dejando comida en una mesa situada a pocos metros. Por lo que las especies que habitan en la zona o en sus proximidades volverán, después de mes y medio largo de trabajo, a retomar el hábito que en los últimos años les llevó a alimentarse allí. Ahora con la posibilidad de disponer de agua. Por cierto que a unos cinco metros en la ladera que hay justo por encima del chajurdo, he colocado un bidón camuflado junto a una pequeña encina, para acumular agua. Un tubo permite abastecer siempre que quiera al bebedero. Ello será muy útil en verano sobre todo.


Aunque por ahora el aspecto no es el ideal aún, puesto que todavía no ha crecido la hierba, en poco tiempo se lograrán buenos resultados. En la imagen inferior se observa cómo desde dentro y a través del cristal, con el bebedero casi lleno he ido aportando algún posadero provisional. El fondo verde garantizará buenas fotos. Esta imagen y todas las anteriores están hechas por la tarde cuando el sol ha dejado de dar en la zona. Durante las mañanas y hasta las cinco de la tarde en invierno el sol está a la espalda.


El nuevo bebedero-comedero está listo. Faltan detalles, como musgo sobre alguna gran piedra en la parte central o en los lados donde ahora solo hay unos tímidos posaderos. En unos días estará preparado. No está del todo lleno, pero con las lluvias podrá rebosar. De todos modos he situado en la parte alta, a la derecha un depósito al que está unido el bebedero con un tubo que está enterrado y que permitirá el aporte continuo de agua cuando sea necesario, sobre todo en verano. 

La utilización de un cristal espía ofrece una dificultad para las lentes empleadas, pues tenemos otro "cristal" entre la cámara y el objeto que vamos a fotografiar, pero por lo que he podido observar, ajustando bien los parámetros y aprovechando la focal que permite la lente empleada y con buena luz, los resultados no están nada mal. De todos modos en este aguardo, como se puede observar en la foto superior, he dejado una parte para utilizar sin cristal, y tan solo al retirar la tapa que se observa (con tela de camuflaje), se puede disparar con una red tapando el objetivo.

FOTOS REALIZADAS EN EL COMEDERO DEL PETI

Así que comienzo la serie con varias instantáneas del Petirrojo. Creo que son una pareja los ejemplares que entran a picotear tanto magdalenas como granitos de trigo. Es el "personaje", hasta ahora, más asiduo, por lo que he bautizado mi comedero como "El Comedero del Peti", aunque los Carboneros y Herrerillos también están haciendo ya acto de presencia. Incluos varios Mosquiteros y un Colirrojo tizón he llegado a observar la tarde del 9 de diciembre de 2012.


He aquí la primera serie del Peti que, cuando pueda, colocaré en un espacio independiente. Fotos realizadas entre noviembre y diciembre de 2012.

PETIRROJO
Serie de fotos en El comedero del Peti
La iluminación fue muy cambiante, puesto que estaba nublado y sólo hubo un rato con sol










Tarde del 6 de enero de 2013



CURRUCA CAPIROTADA

Es un ave más discreta que la curruca cabecinegra, puesto que no se la oye canturrear con tanta insistencia cuando se acerca al comedero. Pero nos ofrece unas estampas magníficas. Le gusta mucho comer magdalenas, sobre todo. Especialmente activa en el comedero por las tardes y cuando el Petirrojo no está presente.

Las imágenes están tomadas con mi viejo Sigma 150-500 mm. que tan buenos resultados me ha dado y me sigue aún dando. Espero contar en unas semanas con una óptica fija (bien un 400 mm. 2.8 de Nikon o bien un 300 mm. 2.8 de la misma marca).








HERRERILLOS Y CARBONEROS
Fotos realizadas en "El comedero del Peti"

Ambas especies pertenecen a la familia de los páridos o Parus. Son aves insectívoras y, entre otros, cabe citar a los herrerillos y carboneros, que se caracterizan por su colorido y su particular canto.
Los páridos pertenecen al grupo de aves llamados "paseriformes", lo que significa "con forma de gorrión (passer en latín)". Tradicionalmente se les ha conocido como pájaros a secas, destacando por su canto.


HERRERILLO

Su denominación científica es Carus caeruleus. Tiene un tamaño pequeño, comparado con el carbonero común, destacando en su fisonomía las tonalidades azulonas y amarillentas, con un banda negra que atraviesa la parte media de la cabeza, a la altura de los ojos, a modo de peculiar antifaz. Tiene un armoniso canto, y es muy ágil en los comederos, donde suele alimentarse de magdalenas, pipas y sobre todo de revueltos de gusanos e insectos.


CARBONERO

El Carbonero común (Parus major), ave de la familia de los paseriformes o páridos, como el Herrerillo común, se identifica fácilmente por su colorido y vistoso plumaje de tonos verdosos en el dorso, amarillos en el pecho, azulados en las alas y cola, blanco en las mejillas y negro en la cabeza, cuello y pecho. También se le distingue por su canto armonioso.
Anida en agujeros en los árboles, siendo su época de cría entre abril y mayo. Se alimenta de insectos y semillas, y en los comederos le encantan las pipas y los cacahuetes.







1 comentario:

Alfonso Pérez del Barco dijo...

Fantástica serie Genaro, realmente merece la pena dedicarle más tienpo a estas pequeñas aves. Estoy deseando ver en este blog las otras especies de las que hablas. Un saludo amigo.